Hace ya algunas semanas los tabloides británicos se levantaban con un notición de aupa athletic. De esas sensacionalistas que gustan a los enemigos de Escocia, Braveheart dixit. La noticia hablaba de un niño de trece años que había dejado embarazada a una niña de quince. La noticia no hubiera tenido la notoriedad que tuvo, sabéis que cualquiera puede tener un despiste a esa edad, si no fuera porque habían decidido tener a su hijo.
Salieron en todas las teles, todos nos poníamos las manos en la cabeza pensando en la irresponsabilidad de los padres por no evitar que esa criatura viniera al mundo. Quizá solo yo, pero queda mejor si estamos todos de acuerdo. Tuvieron el niño, o niña, no sé.
Resulta que ayer, realizando mi repaso post comida a los periódicos, me encuentro con esto en el confidencial:
“Alfie Patten, el niño de 13 años, no es el padre del bebé

Alfie Patten, el niño que presuntamente se convirtió padre a los 13 años de edad en Gran Bretaña, no es el padre del bebé, según aseguran los periódicos británicos The Mirror y The Sun al salir a la luz las pruebas de ADN.
Alfie Patten, ahora con 13 años, se sometió a una prueba de ADN, que le costó 300 libras, después de que una docena de chicos reclamaran la paternidad de la niña que nació hace siete semanas y de nombre Maisie Roxanne, ya que afirmaban haberse acostado con la menor, Chantelle Stedman, de 15 años.
Ahora Patten se ha llevado un gran disgusto porque las pruebas de ADN han revelado que él no es el padre de la niña, a quien “adora”, según asegura The Mirror.
“Yo no sabía qué era una prueba de ADN hasta que me la explicó mamá. Así que me voy a someter a la prueba para callar bocas y silenciar a aquellos que dicen que son los padres de mi hija”, aseguró. El padre de Alfie señaló que el adolescente “aún no ha asimilado todo lo que le está pasando”.
Patten está convencido de que es el padre del bebé, después de una noche de sexo con Chantelle en la que a ella se le olvidó tomarse la píldora anticonceptiva. En aquel momento, la menor, que tenía 14 años, proclamó que Alfie era “el único chico con el que había estado”. El propio Alfie da ahora más detalles y afirma que “estuvimos juntos 2 años”.
Sin embargo, la realidad ha despertado cruelmente a Alfie de su ilusión, al demostrar las pruebas que la tan proclamada virginidad de su chica, antes de acostarse con él, no es sino más bien lo contrario. Una lista de muchachos han reclamado la paternidad del bebé, y ahora Chantelle confiesa que había dormido con varios de ellos antes que con Alfie en su casa familiar, en Eastbourne (Inglaterra), pero que fue su propia madre la que le obligó a mentir. Todo un lío que acaba de saltar por los aires.”
Lo que más me ha impactado no es que el niño no sea el padre, que no lo es, sino que una docena de niños reclamaran la paternidad del bebé. Sin duda las vacas locas llevaban años campando por la campiña inglesa, más de los que creemos. Más de uno de nosotros, al ver que Alfie, se había hecho cargo de la paternidad respiramos tranquilos porque al parecer por la niña de quince años se había pasado todo quiski. Sin embargo, Alfie, que se hizo las pruebas para demostrar lo contrario de lo que mostraron, está apenado.
Ya es hora que Cesar Millán se pase por casa de Alfie a ver que puede hacer con él. A peor no va a ir.
En fin, que España es un país de pandereta ya lo sabemos todos, pero ahora, a los que les dolía ese comentario, quizá les duela un poco menos.
Saludos Cordiales.
El verano pasado me comentaba una compañera de trabajo que acostumbra a regalarse unos viajes impresionantes cada verano que este año habían mirado un crucero por Alaska con su pareja. Me extrañó al no tratarse del tipo de persona a la que le gusta ir a Cuba o Santo Domingo en un hotel de estos que te ponen la pulsera y te montan actividades variadas.
El crucero, según les habían vendido, no era como los demás. No recuerdo en qué ciudades pasaba, pero luego se permitían pasar con el barquito chiquitito por bonitos paisajes como el de la foto.

Como es una persona previsora, ya está mirando dónde ir el próximo verano. Y al comentar los futuros destinos le pregunté por su experiencia cruceril.
Hay algunas cosas de los cruceros que no soporto. Para empezar, que te dejen en una ciudad con un margen determinado de tiempo para visitarla (en tres horas, al puerto) me estresa y si estoy de vacaciones lo que quiero es hacer lo que me de la gana. A mí me encanta estar visitando cualquier sitio y de repente hacer una pausa del tiempo que haga falta para tomar un café o una cerveza.
La otra cosa que no soporto es la obligatoriedad de socializar con gente que va en el barco. Me explicaba que había días que estaban en el barco y para tener a la gente entretenida se organizaban las terribles actividades que se organizan en estos casos:
“A las 18.00 curso de line dancing, a las 19.00 cumbia y vallenato y a las 20.00 danza del vientre. Después pasaremos todos al salón Titánic donde podrán degustar nuestro exquisito buffet libre para pasar al casino. Los más atrevidos podrán ir a la discoteca a disfrutar de la música de la Orquesta Poseidón.”
Ella estaba horrorizada (no es para menos). Hacerte no sé cuántos kilómetros para que te den un curso de salsa debe ser una experiencia traumática. Los días que pasó dentro del barco dicen que fueron terribles y que no repite este tipo de experiencia en su vida, por mucho que le expliquen que este tipo de cruceros son diferentes.
Yo por mi parte hace mucho tiempo que decidí que si me iba de crucero iba a acabar como el protagonista de El Resplandor.
¿Alguien tiene alguna experiencia que explicar?
¿A quién no le gusta viajar? A nadie, creo, sin embargo existe algún que otro problema al hacerlo. Uno básico, la alimentación.
Viajar a países exóticos, o no tanto, representa tener que probar la alimentación local, especias, carne de no sé qué, salsas que te esparcen por el manjar sin que tú la pidieras…, en fin infinidad de cosas que no molestan un día, pero a la que llevas tres días fuera lo notas en el estómago y en el ojete.
Es por eso que admiro a los putos italianos, unos cracks en esto de la alimentación. Hoy en día encuentras un italiano en cualquier parte. Evitas acercarte a un McDonals, que fríen las patatas con vete a saber qué, y además disfrutas de una excelente pizza. A todo el mundo le gusta la pizza, hecha la masa con harina y agua, no provoca ningún perjuicio al estómago.
los cabrones de los italianos han conseguido que su adorado manjar nacional (derivado de las coques de recapta como Gurb nos recordará) esté presente en cada uno de los países de este mundo, consiguiendo dos cosas, un manjar barato y saludable (más o manos).
Hay gente que ha superado su miedo a viajar gracias a poder comer pizza allí donde va, es por eso que los gobiernos de los países raros (en cuanto a alimentación) deberían anunciar su gastronomía con una post data que dijera algo así como: “también tenemos restaurantes italianos”.
Cantidad de países, líneas aéreas, agencias de viajes, y demás, deberían agradecer a Italia que los habitantes del mundo puedan ahora viajar sin miedo a la alimentación. Es un caso claro de ayuda a terceros.
¿Coméis siempre comida autóctona cuando viajáis?

La semana que viene hemos decidido ir con Kark de visita a Londres a supervisar las obras de la nueva línea de metro.
La primera vez que estuve en Londonsiti hará unos diez u once años (es fácil chequearlo al ser el verano que Lady Di se estampó, pero siempre queda como más misterioso decir que no te acuerdas) siendo todavía un chaval joven, con apenas tres pelos en el huevo izquierdo y ninguno en el derecho.
Fui allí a lo que va un elevado porcentaje de gente durante el verano: a mejorar el inglés. Durante los tres meses que estuve allí creo que el único inglés que mejoró fue el dueño de la cafetería (siempre llena!).
Llegado con mi maleta recién extrenada y con el first certificate bajo la sobaquera, empecé a trabajar en una cafetería de la terminal 3 de Heathrow. Me tiré una semana sin ser capaz de mantener conversaciones fluídas con nadie, la segunda semana todo mejoró, me pasaron al turno de tarde y allí ya empecé a entenderme con mis colleagues, dos italianos y un serbocroata.
Aguanté stichkovamente los tres meses hacinado en un patera apartment en el que además de convivir con entre siete y quince personas (dependía de las visitas) teníamos todo un zoo de animalitos corriendo por la moqueta. Kark puede certificar la similitud de la vivienda con la de la serie The Young ones, paredes forradas de papel de plata para evitar digestiones difíciles en días de fiesta, cubos de basura rebosantes donde tirar algo era como jugar a la patata caliente…

Y de toda esta experiencia saqué una serie de conclusiones (incluye aportaciones de Kark):
- Es cierto que en Londres hablan inglés, no es una leyenda urbana.
- Cuando tardas una hora y media en ir del lugar en el que vives al centro, te das cuenta de que Barcelona realmente es un pueblo grande.
- No me gusta el té.
- Si ves que la Stella Artois es más barata, es por algo.
- Todos los pakis no son terroristas de al-qaeda.
- La moqueta no se puede fregar.
- Manuel, del hotel fawlty, era de Barcelona y no mexicano.
- La Ciutadella es un jardincito al lado de Hide Park.
- El concorde hacía mucho ruido.
- Hace años que la comida típica dejo de ser el fish and chips para ser shawarma y asín..
- Llevar traje con turbante no es trendy.
Si se aprenden esto, se pueden ahorrar leerse la parte de la guía de la ciudad en la que se habla de usos y costumbres. A la vuelta prometemos un amplio reportaje de esta nueva entrega de pusilánime on tour.
Hace tiempo hablamos del daño que habían hecho las cámaras digitales en las relaciones entre amigos. Su aparición supuso una progresión exponencial en la cantidad de fotos que la gente hace sin ningún tipo de criterio (siempre hay excepciones, como las que a veces nos ofrece Ivich).
Pues bien, hay un elemento común en las fotos que todo el mundo hace: las puestas de sol.

Si van a Ibiza, foto de la puesta de sol. Si van a Cuba, foto de la puesta de sol. Si van a Brunete, foto de la puesta de sol. Si van a Islandia, ahora que está barato, pues según cuando vayan se joden, pero seguro que se fotografían esperando la puesta de sol.
Y todas las puestas de sol tienen algo en común: Dicen que es de las más bonitas del mundo. Por favor, si en todos los sitios el sol se pone de la misma manera. Es verdad que queda muy bonito ver cómo se esconde en el mar y muchas cosas más que dicen algunos embaucadores veraniegos; pero me pregunto yo si no será más importante el entorno que la puesta de sol en si misma. Si el sitio en el que estás es bonito (importante que esté orientado al oeste), tendrá una puesta de sol bonita, cáspita.
Sólo tienen que buscar “puesta de sol” en google como he hecho yo y se quedarán anonadados y patidifusos de la cantidad de puestas de sol que les salen y lo parecidas que son muchas de ellas.
Vamos, que esto de fotografiar las puestas de sol es algo que yo no acabo de entender, todo el mundo debería saber que lo que se tiene que fotografiar es la salida del sol, que eso sí que es bonito.
Todo viaje en coche que requiera de alguna parada en gasolinera o área de servicio viene acompañado de dietas hipercalóricas. Los excesos de colesterol, triglicéridos y azúcares varios son un must (odio cuando me lo dicen).
Una fuerza extraña nos evita conducir o aguantar dentro del vehículo sin ingerir todo tipo de alimentos prohibidos por cualquier dietista desdentado, sin que los años corrijan nuestras desviadas conductas.
La dieta del viajero se podría agrupar en las siguientes categorías:
- Asúcar: Todo tipo de gominolas o caramelos son bienvenidos. Es una clara muestra de regresión a la infancia. Desafiando la expansión de michelines y flotadores, un viaje sin caramelos de este tipo (con o sin gluten) no puede ir bien.

- Frutos secos o aperitifos. Desde las barrechas sin cáscara, esas que se supone que no ensucian, a gusanitos y patatas fritas. Productos destinados a dar sez que nos dan la coartada perfecta para consumir los productos de la siguiente categoría.
- Refrescos y sucedáneos. Todo bebidas azucaradas para que nuestro cuerpo aguante el esfuerzo de aguantar las horas necesarias dentro del auto. Los más arriesgados se pasan al Fajardi Breezer o al Snifor Ice. Normalmente se compra una botella de agua que acostumbra a quedar a medias debajo de los asientos del auto. El día que se vacíen todas las botellas medio llenas que quedan en los coches, se arreglaría el problema de la sequía.
- Bollería. No de la que algunos imaginan con una sonrisa estúpida. Pantera rosa, Boni y Tigretón centran sus ventas en las áreas de servicio embaucando a aquellos que en su infancia lo consumían. Allí esperan agazapados, esperando que el maduro nostálgico de un pasado mejor reviva sus primeras experiencias químicas de la infancia.
Estadísticamente, en todos los viajes que hago en grupo, se consumen mínino tres de las cuatro categorías citadas. Por algo será que en las áreas de servicio no tienen fruterías.
Llegados a esta época del año, todo el mundo está ya preparado para las vacaciones y el viaje que toca hacer en vacaciones. En unos años hemos pasado de ser turistas internos(de los que van a Benidorm, Torremolinos y similares) a viajar al lugar más remoto del planeta. Cuanto más lejos e inhóspito, mejor.
- Andrés, ¿y tú qué haces este año para las vacaciones?
- Pues, mira, en los diez días que tengo de vacaciones he decidido irme a desconectar (eso se dice mucho) a Kiribati. Son dos días entre aviones, enlaces y barcazas para llegar al atolón; pero después del año tan duro lo necesitaba.

La gente ha ampliado su horizonte de lugares a visitar de una manera impresionante. Eso es claro indicador de que hemos progresado económicamente. En los países pobres, sólo se permiten los viajes cuando les sirve para colarse de ilegales en otro país más rico y en vez de ir de vacaciones acostumbran a ir en busca de una vida supuestamente mejor.
En los países ricos ahora hay mucha gente que se dedica a viajar a países pobres en sus vacaciones para buscar emociones y conocer otras culturas.
Contradicciones del género humano. Y este año, de crisis económica, en las que se supone que la gente debería gastar menos en sus vacaciones, me preguntaba yo… ¿Han notado algún cambio en los destinos de la gente que les rodea? ¿Detectan un incremento de gente que este año ha decidido desconectar de viajar y que se va al pueblo a ver a la familia?
Sea cual sea la respuesta, aquí nadie se librará de las fotos a las vueltas de vacaciones. Fotos donde obligatoriamente habrá una de un anochecer, pero esta vez es posible que en vez de ser de una de alguna playa de la Polinesia, verán como se esconde en sol en la sierra de Trujillo.
Alemania, ese país situado entre el Yemen y le República de Abjasia, famoso por sus pizzas y su popular Shawarma. Cuna del ragatong y de la cumbia. Hoy vamos a realizar un exhaustivo estudio de la cultura de las gentes que pueblan este país.
A veces me toca viajar a otros países donde la empresa de tráfico de órganos para la que trabajo tiene colonias, siendo una de las principales ciudades de Teutonia el lugar al que más me ha tocado ir más veces. Mucho se ha hablado de sus habitantes, que si serios, que si distantes. Por experiencia propia, he de decir que en general como en todos los sitios. Hay gente maja y hay gente que día a día desmonta toda teoría de supremacía racial demostrando que la estupidez humana no distingue de raza, género o religión.
Si uno de los tópicos que circulan sobre ellos es cierto, es sin duda, su afición al zumo de cebada o trigo. Si en aquellas lindes tuvieran de alcalde a mein enger Freund Hereu, quedaría horrorizado del botellón (técnicamente debería ser latón, pero no sé si es correcto) continuo que se ve por las calles de la ciudad: cantidad de gente va con la lata de cerveza por la mano.

Lo primero que llama la atención al llegar a ese lugar es lo serio que se toman las cosas. Su perseverancia y decisión se convierte en cabezonería cuando se llega a los tópicos. Cualidades (o defectos cuando se llevan a límites insospechables) que hicieron posible que reconstruyeran el país tras perder las dos guerras mundiales (la segunda, por fortuna para los demás) y volvieran a situarlo entre las potencias mundiales.
Llegar a partir de las diez un día entre semana (desconozco si en Berlín es igual) es como la famosa escena de Abre los ojos, pero con frío, las calles están desiertas. A la que te alejas del centro histórico-turístico resulta difícil encontrar el típico bar de barrio de los de aquí en plan “Klausstratten, tapas y frankfurts”. Las cocinas cierran antes, cenan antes que nosotros y por la calle se ve menos gente a esas horas que en cualquier ciudad de aquí. Eso me hace pensar que o la televisión es de más calidad, o son fornicadores natos o simplemente van a dormir antes y por eso su productividad es mayor.
Las reuniones de trabajo allí resultan de lo más curioso: todo el mundo tiene tarjeta. Al más puro estilo American Pshyco, al entrar en la sala, todo hijo de Odín te da su tarjeta de trabajo. Es de agradecido recogerla con una sonrisa por si acaso, cuando esa gente se putea da miedo.
En las reuniones, el agua que se sirve es con gas, con lo que hay que prevenir la acumulación de gases. Curiosa costumbre también la de servir fruta durante la reunión, sólo eso explica que las paradas para comer sean de menos de media hora y la comida que se sirve sean simples sandwiches minúsculos. Cuando uno acaba su exposición, tienen la costumbre de golpear la mesa. La primera vez acojona, te piensas que uno se va a poner a golpear con el zapato en la mesa a lo Kruschev en la ONU; pero lo hacen como sustituto de los aplausos.
Toda reunión que se precie con teutones, acaba derivando en una conversación sobre el buen tiempo que hace en la Península y si nuestro colega es medianamente joven nos hablará de su viaje de final de carrera a las islas del que sólo recuerda llegar a un aeropuerto.
Sí, sí, volví. Me costó pero volví, parece que con fuerzas y renovado por dentro como José Coronado en el anuncio del yogurt ese del cagalse. No hay nada mejor que unas vacaciones fuera de fecha para recuperarse de unas semanitas de intenso trabajo con exitoso final, tanto, que ni mi jefe me soltó la típica puya de “ahora te coges vacaciones”.
Me fui en velero a Eivissa y Formentera (no dejen de visitar el restaurante Macondo en Sant Ferran, siempre que vuelvo a esa isla, repito). Concretamente este:

El Bénéteau oceanis 331, un clásico entre los clásicos. Un barco habilitado para un máximo de 8 personas y como buenos hijos de papá que somos utilizamos 7, dejando una plaza por si nos encontrábamos alguien interesante en alta mar.
Los que no lo sepáis, pocos, en un barco se entra descalzo. Aún no sé por qué, aunque deduje que es muy fácil que se te caiga quien caiga una zapatilla al agua, incluso en puerto. Y eso de ir descalzo es un fastidio absoluto. No hay lugar más puta para ir descalzo que un barco, y explico:
Primero: No hay parte plana. Al desplazarte de popa a proa, todo tiene inclinación y eso en ambientes mojados provoca resbalones no deseados que te hacen perder la vertical y en ocasiones te llevan al jodido punto número dos.ç
Segundo ( o punto número dos) : Las cornamusas. Este elemento sirve para amarrar cabos ( para terrestres cuerdas) y como su nombre advierte, no puede tener forma buena. Viene a ser esto:

Al venir resbalando desde la parte superior tanto de popa como de proa (detrás como delante para terrestres) tu pie impacta directamente contra uno de estos elementos a la velocidad del rayo. De ahí lo de rayos y truenos del Capitán Haddock en las aventuras de Tintín.
Tercero: En alta mar, y en baja, el sol castiga como un juez garzón de la vida. Todo el mundo ve claro lo de ponerse cremita, a alguno incluso le gusta ponersela, aunque eso es otro tema. Pero a qué mente enferma se le ocurriría ponerse crema protectora en los pies. Consecuencia: ya la sabéis.
Continuará…
PD1: Quizá no continúe, no lo sé.
PD2: ¿Qué ha pasado con Moi? Manifiestate si me lees. ¿Sigue todo igual?
PD3: Gurb, gracias por encargarte de casa durante estos días, tus referencias a mí en cada uno de los posts me hicieron enormemente feliz.
Una de las cosas que añoro de mis tiempos más mozos son las fiestas de los pueblos. Con esto no me refiero a Semanas Grandes de Bilbao, Donosti o San Fermines, me refiero a las fiestas de los pueblos pequeños, de Villanueva del Trabuco o Tarascanilla de la Sierra. Los abuelos Gurb eran de pueblo por diferentes circunstancias de la vida que no vienen a cuento y si ya de pequeño disfrutas de ciertos privilegios de veranear allí, a cierta edad tienes el lujo de poder vivir algo tan folklórico como son las fiestas de los pueblos.

En Plan, antaño famoso por la caravana de féminas que montaron, tienen un buen plan. En Fosado celebran la festividad de San Gaudosio, seguro que se inventaron el nombre para estar de fiesta.
En los meses de verano y en especial el de agosto, todos los pueblos están de fiestas. Fiestas que, por otro lado, tienen menos glamour que ir a comprar al día con chándal de esos brillantes (típico chándal de yonqui) y con las zapatillas de estar por casa. Seguramente parte de su encanto radica en ese poco glamour mezclado con grandes dosis de espontaneidad y del objetivo común de pasarlo bien.
Las fiestas se podrían diseccionar en tres partes. La primera era la de buscar locales de particulares. Según el lugar, se conocen como peñas o chamizos, en el fondo es un local de un grupo de amigos con sofás reciclados de casas antiguas, asientos de coche y bebida de dudosa calidad a la que los propietarios acostumbraban a invitar a los visitantes.
Una vez acabada esta fase, cuando la gente ya empieza a perjudicarse, lo suyo es ir hacia el baile. En los pueblos más grandes, con polideportivo o campo de fútbol se montaba allí, pero en los más pequeños el ingenio hacía de las suyas (he visto escenarios compuestos por maderas apoyadas en bidones incumpliendo cualquier nivel razonable de seguridad). Durante el baile, una orquesta (pongamos Orquesta Venus) se dedicaba a versionar las canciones del verano, hits históricos y los típicos bailables para contentar a los mayores.
Todo baile que se precie ha de tener un intermedio con bingo en el que se sortee un jamón o algún producto típico de la zona. Y es en estos bingos donde se forjó la leyenda de los grandes poetas rurales que inventaron clásicos como el “cinco, por el culo te la hinco”.
Tras el sorteo, segunda parte del baile y cuando ya la orquesta recoge viene la tercera fase de la fiesta.
La disco móvil. Mucho nombre para un tío subido a cuatro maderas poniendo la música que anteriormente ha tocado la orquesta. A veces venía acompañada de fiesta de la espuma, strippers o gogós (acostumbraban a ser las señoritas de la whiskería del pueblo de al lado).

Y tras esto, desayuno y cada uno para su pueblo. Resulta curioso ver comportamientos que podrían describirse como hooliganismo rural. Enfrentamientos entre pueblos enemistados de por vida o simplemente porque un macho de otro pueblo intenta cortejar a la Tomasa suelen ser otro de los actos que no faltan a pesar de no anunciarse en el programa de fiestas.
Cuando estas fiestas las podías compartir con un amigo de la urbe, ya era la repanocha. Desacostumbrados a los usos locales solía ser divertido compartir la velada con ellos.
Seguramente cada cosa tiene su edad y actualmente cualquier intento de revivir estos actos del pasado tendría un resultado decepcionante; pero de momento, que me quiten lo bailao.
Y para concluir, si alguien ha estado de fiestas en Aragorn, hijo de Arathorn, que clique aquí a ver si esto le suena.
Aupa.
Ad Infinitum
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Crónicas del Chiringui
defcon3
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